De intercambio en Madrid

Las aventuras de un SICUE gallego en la Villa y Corte

3.12.06

Edén extremeño



Si bien por el este había bajado hasta Alicante dos veces, por el resto de España nunca había ido más debajo de Madrid. Extremadura y Andalucía eran sólo siluetas en los mapas para mí, así que llevaba días deseando que llegase la excursión de Vertebrados. Tenía además una lista de especies “que tenían que caer fuese como fuese”; y la verdad, no me ha defraudado.
El primer día salimos casi puntualmente a las siete de la mañana camino de Extremadura. Tras una breve parada para cafetear en Talavera de la Reina (Toledo), entramos sin dilación en los feudos de Ibarra. Por primera vez pude contemplar ese “bosque” llamado dehesa, aclarado y manejado por el hombre desde hace milenios para provecho del ganado y la caza, y verdadero paraíso faunístico. Allí cayeron las dos primeras, dos rapaces: El elanio azul Elanus caeruleus y el buitre negro Aegypius monachus. Comimos frente a unos impresionantes cortados del Guadiana, y después seguimos visitando vegas y arrozales. Enseguida, en la dehesa de la foto de arriba, llegó la tercera, el rabilargo Cyanopica cyanus. Este precioso pájaro presenta una curiosa área de distribución, ya que vive por una parte en la península Ibérica y por otra en China y Japón. Y la cuarta, la grulla común Grus grus. La grulla mantiene sus lazos familiares durante la migración, de forma que aunque se llegan a juntar varios millares, se ve cómo dentro de los grupos las parejas con su/s pollo/s se mueven a su aire. Finalizamos el día en un arrozal que servía de dormidero a varias especies distintas, incluyendo varios miles de grullas. Poco a poco iban llegando más y más aves, incluyendo varios grupos del quinto bimbo del día, el gorrión moruno Passer hispaniolensis.
Pasamos la noche en un bonito hotel de Villanueva de la Serena. De nuevo los alojamientos que usamos en las excursiones de la Facultad harían suspirar a cualquier alumno de la Facultade. El martes visitamos trigales y páramos de la Serena a la búsqueda de aves esteparias, notablemente de la avutarda Otis tarda. Pude ver una fugazmente volando desde el autobús al empezar el día. No di el aviso general acostumbrado cada vez que alguien veía algo nuevo desde el bus, creyendo que después las veríamos a espuertas. Ahora me arrepiento, ya que como las aves tienen la manía de no leerse las guías, no sabían que tenían que estar allí donde infructuosamente las buscamos. Vimos sin embargo un críalo Clamator glandarius; una preciosa especie de cuco especializada en parasitar urracas y que debería ahora mismo estar en el África tropical. En una de las paradas pude además tachar mi primera calandria Melanocorypha calandra, a la que esta foto tan cutre que le saqué a través del telescopio no hace justicia.
Ya atardeciendo, emprendimos viaje a Huelva, donde otro magnífico albergue nos esperaba para pasar la primera noche en Andalucía. La cantidad de aves y de otros animales que se ven en Extremadura por todas partes es realmente impresionante, y me fui con dolor de corazón y ganas de volver cuanto antes.


Y mañana: Andalucía.