De intercambio en Madrid

Las aventuras de un SICUE gallego en la Villa y Corte

21.6.07

Estío


Al irme a Noruega dejaba en el Campus una serie de praderas verdes tachonadas de amapolas que serían la envidia de cualquier trigal; y realmente me sorprendió al regresar el ver cómo todo había madurado casi de repente: donde había verde sólo había paja y espigas granadas, haciendo las delicias de esas hormigas negras cabezonas que todavía no sé cómo se llaman y que dejan todo el salvado en montoncitos a la entrada de sus hormigueros. Pero todavía quedan flores: las mil cabezas ciáneas de las achicorias rivalizan en azul con el cielo; y el amarillo típico de las flores de primavera ha sido sustituido por los mil tonos rosas y lilas de alfalfas, cardos y malvas.
El bullicio primaveral de los pájaros parece haberse apagado algo; sólo los pollos de las cotorras, que siguen a sus padres chillando como locos, le dan algo de vida al asunto. Los vencejos planean perezosos, allá arriba, justo bajo la panza de los orondos nubarrones que no se deciden a aliviarse sobre Madrid...

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