De intercambio en Madrid

Las aventuras de un SICUE gallego en la Villa y Corte

23.10.06

Visita al Prado

Uno de los pasatiempos favoritos de parte de mis amigos es el de echarme en cara lo poco que me interesa la "cultura". Algún día tendríamos que discutir aquí por qué alguien que entiende de arte es una persona culta y alguien que entiende de pájaros llega como mucho a freaky, pero no va a ser hoy. En fin, que aprovechando el amplio panorama museístico que ofrece Madrid, y que los domingos los museos son gratis, decidimos otro Séneca y yo emplear la tarde de ayer en recorrer el Museo del Prado.
Realmente sí que disfruto con el arte, pero sobre todo (imagino que por deformación "biológica") con aquellas pinturas y esculturas cuanto más realistas mejor. La pintura española del Siglo de Oro (con Velázquez, Ribera o Murillo a la cabeza) entra dentro de esta categoría y está más que bien representada en el Prado, así que sin problemas.
Algo que me gusta ver en los cuadros son los animales que aparecen más o menos bien pintados, ya que siempre "cuentan" alguna historia interesante. Por ejemplo el macho de francolín ventrinegro Francolinus francolinus del cuadro de la izquierda (Bodegón con cardo, francolín, uvas y lirios, de Juan Sánchez Cotán, S. XVII). El francolín es una especie de faisán ligada a medios húmedos que abundaba más o menos (fruto de introducciones en época romana) en el levante español, hasta que la acción combinada de la desecación y roturación de humedales y la caza acabaron con él en el S. XIX (igual que en Italia o Grecia), estando hoy sus poblaciones más cercanas en Asia menor. No sé si Sánchez Cotán llegaría a comérselo después de pintarlo, pero por lo menos tuvo ocasión de verlo, cosa que a nosotros ya nos está vetada.
O, por ejemplo, la corneja cenicienta Corvus cornix que aparece bajo Adán en el tríptico de El Jardín de las Delicias (Hieronymus van Aeck Bosch "El Bosco". S. XVI). Resulta curiosa porque la especie de corneja que hoy aparece en Holanda es la negra Corvus corone y no la cenicienta. ¿Acaso criaba ésta más al oeste en el S. XVI? ¿O tal vez (aunque sus biografías insisten en que no debió de salir de su ciudad natal) pudo realizar esta obra durante un hipotético viaje en busca de otros artistas a Italia, donde es la cenicienta la corneja presente? Qué divertido es tirarse de la moto...
La visita al Prado me ha sservido además para cosntatar dos cosas:
1. Que el cuadro que desde niño he visto presidiendo la cama de mis padres es una copia de la Sagrada Familia del Roble (Rafael Sanzio, S. XVI), que reproduzco arriba.
2. Lo grave que es la generalización de la incultura religiosa. Visitando museos como éste se da uno cuenta de que a lo largo de los siglos el arte en nuestra sociedad occidental ha producido obras de temática abrumadoramente religiosa. Uno puede disfrutar más o menos de los estilos pictóricos, pero si no conoce la historia que hay detrás de la imagen se queda con la mitad de la historia. Y esto pude comprobarlo con mi acompañante de ayer. Por eso me parecía y me parece tan buena la idea de la denostada LOU de incluir en el plan de estudiso evaluable sea la religión o la alternativa propuesta de "Hecho religioso", como algo indispensable para comprender la historia y el arte de los últimos 2000 años...

3 comentarios:

At 09:47, Blogger Ángel Ruiz said...

Al menos a ti saber de aves te ha hecho apreciar mejor un cuadro de Sánchez Cotán, pintor que por otra parte está siendo cada vez más valorado. No estaría mal que mandases al Prado esa información (lo digo totalmente en serio).
Mucha gente que presume de culta en realidad no tiene ningún aprecio al arte, aunque vayan a verlo por motivos variados como 'hay que verlo'.
Puedes hacer una encuesta en Madrid y verás que posiblemente tú hayas ido al Prado más veces que la mayoría de tus encuestados.
¡Qué envidia poder vivir en Madrid!

 
At 21:04, Anonymous Anónimo said...

asi nos gusta, que te culturices mais. Ese anton!!!!

Antón, Antón, Antón,..., hemos venido....

 
At 20:22, Anonymous Anónimo said...

El cuervo en el arte representa muerte e infortunio. O sea que ojo al cuervo.

 

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