De intercambio en Madrid

Las aventuras de un SICUE gallego en la Villa y Corte

13.3.07

Félix Rodríguez de la Fuente. In memoriam


Pasado mañana se cumple el vigésimo séptimo aniversario de la muerte de Félix Samuel Rodríguez de la Fuente, figura mítica del naturalismo español, que mañana cumpliría además 79 años.
Félix nació en Poza de la Sal (Burgos), y no fue al colegio hasta los 10 años, cuando en un internado de Vitoria se encargaron de hacerle recuperar el tiempo perdido. Cursados los estudios de Medicina y Odontología en Valladolid, se licenció con Premio Extraordinario en 1957, llegando a trabajar como dentista. Sin embargo ya desde pequeño era el amor por la naturaleza lo que le movía, y en especial la práctica de la cetrería. Fallecido su padre, Félix dejó los dientes para entrar a trabajar en el Servicio Nacional de Caza y Pesca, trabajando desde allí en el estudio y conservación de las aves rapaces.
Acompañó en 1960 a una delegación española a Arabia Saudí, portando un regalo para el rey Saud: Dos halcones peregrinos españoles (“baharíes”, cuyas cualidades para la caza habían sido alabadas por los poetas árabes medievales). En 1965 trabajó con sus aves en un programa de TVE; el éxito obtenido, y una ayuda económica del rey moro, le animaron a producir su primer documental: Señores del espacio. Éste fue el primero de una serie de títulos que consiguieron poco a poco ir introduciendo entre los españoles el amor por el medio ambiente y la conciencia de la necesidad de preservarlo. Su obra quedaría inconclusa, pues mientras filmaba una carrera de trineos en Shaktoolik (Alaska) para la serie Fauna Canadiense (que junto con Fauna Venezolana y Fauna Ibérica conformaban la trilogía de El Hombre y la Tierra), su avioneta se estrelló, muriendo todos sus ocupantes.

Desde hace un par de años, coincidiendo con el 25 aniversario de su muerte, parece haberse puesto un tanto de moda el criticar la carrera de Félix, y a falta de algo mejor se ha recurrido a hablar de las “trampas” de sus documentales; ¡como si no se rodasen todos los documentales del mundo recurriendo a escenas preparadas y a animales domesticados! Aunque a rebufo de las generaciones anteriores, yo también estoy orgulloso de incluirme en el grupo de los que aprendimos a disfrutar de la naturaleza leyendo sus libros y viendo sus documentales; disfrutando de su característica voz y de su narración llena de lelaloísmos (...a las cigüeñas las dedicamos este programa...) y de simpáticas comparaciones (...el alcaraván corre por la estepa como un serio hombre de ciudad practicando el saludable pedestrismo...).

A ver...

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